Situemonos primero. Era domingo y yo volvia en tren de la playa, direccion Barcelona. Habia subido al tren que salia alas 17:40 a las 17:39 despues de comprar el billete a las 17:38 e incluso me habia dado tiempo de despedirme de mis padres, salir al aden, el tren salia de la via dos y no hay paso a nivel para ir de la 1 a la 2, por donde vas, ¿por delante del tren o por detras? La gente va por detras y han tenido mas tiempo que yo pensar cual era la mejor opcion.
Una vez sentado en el tren, ya mas relajado, abres la mochila y sacas el libro de turno. El tren para en varias estaciones hasta que llega a Tarragona. Ahi se detiene un ratito. Una señora mayor se dirige a subir al tren. Lleva una bolsa. Como el tren es viejo y la señora no esta en sus mejores años atleticos decide dejar la bolsa dentro primero para ayudarse con las manos a subir. Deja la bolsa y suena la campanita, pipipi. Mientras las puertas se cierran se puede escuchar el grito de la mujer desesperada -eh, un momento...- pero estamos en el ultimo vagon y los trenes son muy largos, el conductor no te va a oir.
La bolsa se queda ahi dentro, el tren se empieza a mover. La gente mira la bolsa, han escuchado el grito de la señora. Miradas de reojo, por encima de los libros, saliendose un poco del asiento... pero nadie se levanta. La bolsa sigue ahi, quieta.
Llega el revisor, que es amablemente informado de que hay una bolsa al lado de la puerta. Concretamente es informado por 6 viajeros. Ante tanta corroboracion del hecho se dirige hacia la puerta. Efectibamente, hay una bolsa.
Es una bolsa roja con otra bolsa dentro de color blanco. Dentro de la segunda bolsa... El revisor se dirige a comprobarlo. Todo el mundo observa, no directamente, pero nadie pierde detalle. Seguidamente informa -son arandanos-, la gente del vagon procesa la informacion, arandanos, interesante, nadie deja de mirar.
El revisor deja la bolsa donde estaba y se va a otro vagon pra informarse de lo que debe hacer con la bolsa, que ahora ya sabemos que contiene arandanos. Dos nuevos pasajeros se sientan a mi lado, aparto mi mochila -no se preocupe, no molesta- y continuo leyendo. Llega el revisor otra vez al vagon, pero en esta ocasion nos pide el billete. Le enseño el mio. Una de las dos personas que se habia sentado a mi lado, probablemente la madre, muestra dos billetes y luego comenta -ahi hay una bolsa-. El revisor la mira -¿otra bolsa?-, no, era la misma.
Aun estando en mi vagon, o nuestro vagon, el de toda la gente que por casualidad compartimos ese momento juntos, el vuestro en cierta manera tambien, el revisor recive una llamada de mobil. Es una señora que ha perdido una bolsa en el tren -¿una bolsa de arandanos?, si, esta aqui-. La gente vuelve a mirar de reojo, con caras de afirmacion, es la mujer de la estacion de Tarragona. El conductor continua hablando por el mobil -si, es que la bolsa ha creado un poco confusion, ya se sabe, con las bolsas hoy en dia...-. Al final apaga el mobil, se dirige hacia la bolsa, la coge, donde la puede colocar. Decide que el lugar indicado es en el portaequipajes superior del asiento de un joven al cual informa que es una bolsa de arandanos -no te preocupes-. El joven mira al revisor incredulo, has colocado una bolsa de arandanos encima mio debe pensar.
El revisor se va, vulve al cabo de ciertas paradas, coge la bolsa y se la lleva. El viaje continua, como casi siempre...